Adiós mediocre

Y aquí estamos diciendo adiós sin haber empezado, llevamos con nostalgía un recuerdo que no consumamos, sin embargo nos adaptamos al luto de una tristeza que habría sido ya escrita. Das vuelta en el mismo lugar muchas veces, haces un círculo infinito y no sabes como iniciar esta despedida. 

Aunque intente explicarte cada idea y pensamiento, no lograrías entender, lo que mientras a gotas la ducha y yo hablamos. Mís manos delineando tu cuerpo, cubriendo con lino tu piel, abrigandote en soledad, entre este espacio lleno de nada, sin ti. Sé que al marcharte, el contexto de todas las palabras transcritas será un hueco que se tragará por completo mí voluntad y te sumergirá a ojos cerrados al desconsuelo.

Quizás las palabras no sean  apropiadas decirlas, ha pesar de eso, es necesario dialogarlas, la cobardía nos circunda y ni siquiera permite escribirlas, éste eco profundo dentro de cada uno nos dice a gritos casi silenciosos; “al menos pudimos intentar” aunque reconocemos que es así, la responsabilidad de proteger al corazón para que no se nos descabale aún más, es mucho más fuerte que este impulso por amar de nuevo. Ha pesar de esta lucha que produce el alma, no es lo suficientemente fuerte. Nos dejamos someter por la sobredósis moralistas de núcleos perfectos,  la gran sociedad de los santísimos hipócritas, llena de prejuicios. Aceptamos sus vestiduras, como el peor de los recordatorios de nuestro duelo, por amor dibujamos una sonrisa al despertar, para que cada día ese vacío en la cama, no nos asfixie.  Y antes de que ocurra lo que viniste hacer, te invito a respirar esta noche como la última y primera de esas que sufrirán por no haberlas vivido como debimos, veas la luna conmigo, acaricies la suavidad de mís sábanas y a la rudeza del colchón; le expliques que esto no volverá a suceder. Guarda lo que te entrego, y llenate de lo que soy, seamos la mentira perfecta; un extenso “hola” que no sabe de fin, querido amor. 

Antes de dormir

Sumergida entre platos, cubiertos y vasos sin lavar, pienso ¿Que será lo último que tendré en la mente antes de dormir? Es una pregunta extraña, sin embargo es tan válida hacerla. 

Las gotas del grifo son el cuenta gotas del suero, con prisa aunque no parezca. Vajillas destrozándose, son el eco de mis vecinos, juegan a romper el hielo en la noche, gritan hermosas palabras obscenas, ¡ellos sí que saben demostrarse amor! Distraen mí atención de este ritual de limpieza. Es inevitable, no grabar aquella ópera de fondo, sin embargo la interrogante​ de turno, pone en duda la cordura ¿ Será éste el último recuerdo, antes de ir a dormir?

Escritora en construcción

Son las partes de este enorme rompecabezas que compartiré con cada uno, piezas que encajan perfectamente (a veces) en otras se deben reemplazar por la que ajuste. Como el arquitecto que planea con atención los detalles de los espacios que ocuparán un sitio en algún pueblo, ciudad, país o en cualquier lugar donde materialice las estructuras de su creación, como ese lienzo en blanco donde el artista juega cuidadosamente con las formas y colores a usar mientras concibe su obra. Así mismo la escritura es un proceso de aprendizaje donde sumergimos la imaginación, el amor, deseo, sueños, penas, situaciones cotidianas, es el portal de nuestro universo a los demás. Anhelo que a través de este espacio-tiempo, se sumerjan conmigo en cada una de ellas y colgar juntos nuestras lámparas de noche en la ventana.

¡Bienvenidos!

Atentamente

Mafer Lynch

Detalle de factura

                                                                 Despierta en la metro vía.

Sin importar al lugar que vaya, mí mente narra historias donde la ficción y fantasía toman vida en maravillosas creaciones . En  momentos como esos donde  la creatividad prima, es importante anotar cada detalle, sin embargo esto no ocurre de inmediato, algo traba ese episodio; como por ejemplo: mis traslados en bus donde escribir es complicado y más, sí quien me rodea intenta asfixiarme con olores nauseabundos, tengo la misión más dura de esquivar a las mujeres de gran trasero, a las que no les importa nada, van por la vida con ese eslogan tan grotesco “abre paso llegó la más buena” dónde toca luchar para no quedar pegada como sticker decorativo en la ventana de la metro sardina.

Consumida por una mudez tonta, cuestiono la poca valentía que tengo, de poner un alto a ese tipo de ataques, sin embargo la voz de la conciencia no repara en reclamar la falta de atención, ese quemeimportista que tengo hacia ella, habla de ocupar el tiempo para crear, de no silenciar la voz, que preste oído a la aventura que narró para que la transcriba, y no sea como hilos en campos de trigo, ni sé transforme en un rompecabezas de 5.000 piezas que tarden en encajar.

Dentro de este “acusatorio” personal, descubro a un pendiente seguidor que de manera sigilosa, observa con atención mis pasos, tan real como cualquiera de nosotros. Él es pavimento, al que no le gusta llamarme por mí nombre, prefiere  decirme “escritora en construcción”, enuncia mis huellas en sus calles, plazas y parques llenos de aquellas mentes ansiosas de sueños y libertad. Detalla la atención en que tejo sus historias. Ni el viento con su suavidad por las mañanas, ni el risueño sol cuando excede su cariño con esos abrasadores rayos, impide que yo; esté ahí dentro de esa multitud, que va al son del camino, entre cada pisada.  Hoy como cada tarde, espera para acompañarme en esta nueva aventura. 

La voz del chofer interrumpe mis pensamientos, anuncia la siguiente parada. Aquí  me bajo, avanzo hasta la puerta 1, desde acá lo veo, su saludo está lleno de mucha alegría, mientras lo hace intenta apaciguar el entusiasmo de los adoquines que cubren los bordes de las aceras: ¡Apresurence! -Gritaba  a los carros- ¡ella llegó!